domingo, 25 de enero de 2026

Reseña de "El viejo y el mar" (1952), de Ernest Hemingway


 

La victoria de un hombre ante la inmensidad de las adversidades

La siguiente narración trata sobre un viejo en una travesía más grande que su vida. Es un hombre endurecido por los años y por unos breves días, cuyas horas se dilataron en un tiempo incalculable. Es un pescador que cazó un marlín gigante, y que venció en nuestro imaginario como si hubiera luchado contra la inmensidad del mar.

 

El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, es una pequeña épica de un hombre solo que va a contracorriente de su mala suerte y las adversidades. La valentía de Santiago continúa y culmina su faena. Es un ser humano, sin embargo, sensible, con sueños; su rigidez solo es un carácter para el trabajo duro. Manolín es el personaje secundario de esta novela breve que solo aparece al principio y al final, como una voz que traza un círculo escritural con el objetivo de evidenciar que un hombre siempre debe contar con su semejante; ese otro, en este caso, es un discípulo y que funge como puente entre la juventud y la vejez.

 

A pesar del cariño entre ambos personajes, Santiago desafía su realidad, tras 84 días sin pescar nada en el mar de La Habana, Cuba. Se describe a un habitante muy pobre de la isla. Un hombre arrugado y con constantes sueños sobre su juventud, que incluyen los recuerdos de los leones marinos en sus viajes hacia África y las luchas de brazos en tabernas.

 

En la inmensidad del mar, dentro de un pequeño bote, el viejo se une al universo del agua, es otro ser que dialoga con todos los seres vivos, desde los pequeños peces hasta un pajarito que llega hasta él. Hemingway narra con sutileza la poesía del mar. Sin embargo, esa misma belleza arropa la violencia y el dolor. Cuando el gran pez aparece, el hombre se enfrenta a una lucha que no es directa, sino que lo arroja a un combate de fuerza interna, manifestando su condición de ser.

 

Una de las frases más célebres que ha escrito el Nobel de Literatura, está en la voz de Santiago: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

Aunque la narración parece construir el retrato de un viejo en pedazos, con sus dolencias; no obstante, su ánimo, impulsado por el amor que surge en su interacción con aquellos seres y elementos que forman parte de su vida, lo llevan a enfrentar el dolor de las heridas, tanto físicas como emocionales.

 

Cuando Santiago llama al marlín como su "hermano" y, a pesar de ello, le promete su muerte, desde la naturaleza del personaje principal vemos que se trata de un relato que habla sobre la contradicción del ser humano, que crece entre la empatía y la ferocidad.

 

Al final, tras una batalla con varios tiburones, el viejo regresa a la playa. La narrativa de Hemingway desnuda al personaje, muestra su alma e incluso los huesos de su brío; se trata de una victoria espiritual, una de muchas dificultades que, en la vida de cada hombre y mujer y en situaciones distintas, no terminará hasta el último suspiro.


Ernest Hemingway: vida y obra

​Hemingway (21 de julio de 1899 - 2 de julio de 1961) fue un escritor y periodista estadounidense. Muchas de sus novelas y cuentos se basaron en hechos reales que vivió como una aventura cruda. Aunque quería combatir en la Primera Guerra Mundial, no fue aceptado debido a su mala vista, por lo que se alistó en el frente italiano como conductor de ambulancia.



​Más tarde, trabajó como corresponsal extranjero en París, y formó parte del grupo llamado la Generación Perdida. Durante su estancia en España, continuó su labor periodística cubriendo la Guerra Civil. De esas dos experiencias surgieron dos de sus obras maestras: Adiós a las armas (1929) y Por quién doblan las campanas (1940). La experiencia acumulada le seguiría brindando material para sus relatos y novelas.

​En 1934, Hemingway compró su propio barco pesquero, el cual navegó por la Corriente del Golfo, primero desde su casa en Cayo Hueso (Florida) y posteriormente desde Cojímar (Cuba). Tenía una gran afición por la caza y la pesca, por lo que El viejo y el mar es una historia magistralmente documentada que le valió el Premio Pulitzer en 1953 y, posteriormente, le abrió el camino hacia el Premio Nobel de Literatura en 1954.

 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Imágenes: internet y archivo

NOTA: Reseña publicada originalmente en la edición 1175 de Todasadentro (24 de enero de 2026), sección "Librolatría".