TRAVESÍA
En las redes
de tu voz que ya no soy,
entre palabras y solo palabras
se erige tu cuerpo
de ojos que miran
y que traspasan
el hueso,
testimonio de nuestro territorio alquilado.
En el camino,
sobre dedos hundidos en la grieta,
el horizonte asoma el lenguaje
para encontrarnos.
AUTORRETRATO
Estos ojos son los de un lobo
que perdió su manada,
que se mira y ya no ve a una bestia
sino a la presa.
Mis aullidos
son palabras de silencio
en el abismo
de una conversación cotidiana.
En estos ojos está un día perdido,
de hace años,
muerto,
del cual regreso
cada vez que otro intenta reemplazarlo,
otra aparición fantasmal
que cifró todas las voces,
que se hunden en mí
para cicatrizar
la herida de la palabra.
Pero ella está ahí,
abierta,
en lo que aún no está escrito,
señalando mi corazón o un horizonte
que solo se divisa deformado,
pero sabemos que en la lejanía
cualquier cuerpo pierde su nombre,
por lo que es mejor dejarlo deambular
en la cartografía del contratiempo.
En mis ojos somos extraños retorciéndose en la retina,
impelidos en el espacio que se extiende
cada vez que se desvanece,
en los gritos que aún respiro,
que nadie escucha,
porque en la mudez
solo es posible seguir el camino.
EL ANIMAL
El animal de la poesía
está mordiendo los silencios,
se conforta con la rabia sobre lo invisible.
Está adolorido porque camino su vientre
y mis pasos tiran carnosos rumores.
Escribo su caricia
en nombre de otro,
y se escabulle amargo;
me arroja a lo mundano,
debajo de una roca
para llenar mis ojos de arena.
El viento se lleva
lo que una vez fue fulgor y
la bestia me deja inerme,
forja las tinieblas a imagen
de mi quiebre y caemos en el abismo
de nuestras grietas.
CUALQUIER MOMENTO DE LA CIUDAD
Esta ciudad tiene su piel maltratada. Hiede a
humo y está en la boca de un colector de autobús. Anda de ida y vuelta en el
territorio de las imposibilidades. Hay un ángel que la bendice cuando se apaga
la luz y cuando el último poeta bosteza de hambre. La noche anda de malandro y
te roba el sueño; una hora de vigilia es más que suficiente para recorrer todas
las calles de tus ojos. La amada sin nombre fue tragada por una cañería. Si
algún día llega el diluvio, será muy tarde.
VERNOS
Si transitas tu rostro,
en la sombra de lo insondable,
estarás en ti desde otro lugar,
reflejo de pájaro,
cada vez más lejos en tu interior.
Sigue la seña de ningún lugar,
allá, donde puedas verte.
