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sábado, 18 de abril de 2026

Opinión de "Filiación oscura" (1966), de Juan Sánchez Peláez

 


El claroscuro de la palabra y del ser  


Hay vínculos con ciertos poetas que alcanzan una dimensión sagrada. En esos casos, la lectura trasciende lo habitual para convertirse en un rito íntimo; allí, la palabra no delimita al ser, sino que lo acompaña, en su enigmático claroscuro, en el flujo de la existencia hasta volverse parte de ti,

Esa fue mi experiencia con Juan Sánchez Peláez. Aún resuena en mi memoria el impacto de leer, hace años, el poema VIII de Filiación oscura. Aquel poema es un inventario simbólico que se mezcla con lo terrenal, una enumeración que fragmenta al sujeto para provocar el misterio de la voz poética: “Mi áspid en el tatuaje / Mi desvelo en la casa de nadie” (p. 52).

 

Es un lenguaje que habita la imaginación a través del movimiento que cruza la frontera de la página y de nuestro aliento; aborda temas universales como la soledad, el desvelo, el amor, el erotismo, la memoria y la muerte.

 

En este poemario, Sánchez Peláez no utiliza la penumbra como un simple recurso estético; por el contrario, su luz está siempre envuelta en sombra. Existe una tensión en cada verso y en cada prosa breve, donde la yuxtaposición de las palabras construye un claroscuro revelador.

 

La composición tiene su confesión. El poeta revela el ritual: “Soplo el grano, paso el dedo en la llama. Me envanece la palabra que hallo, que busco en vilo” (p. 53). En esa búsqueda reside un sincretismo entre lo mundano y lo místico, logrando la consagración de lo fáctico.

 

Son poemas que exigen relecturas infinitas porque están creadas para ser avizorados. El poema es un cuerpo que se asoma; su parte visible es tan incandescente, tan intensa, que necesita, por fuerza, su lado oscuro. Así lo confirma el poema que da título al libro: “Para comenzar una historia verídica es necesario atraer / en sucesiva ordenación de ideas las ánimas, el / purgatorio y el infierno” (p. 60).

 

Esto me hace reflexionar sobre qué es lo que observamos realmente. En ese claroscuro de nuestras vidas, ¿realmente tenemos la convicción de lo que se confiesa como hecho es verdadero? ¿Cuánto hay de furtivo en las palabras que relatan ese hecho? ¿Qué es más relevador, lo oscuro o lo claro?

 

La vigilia aparece aquí como un estado de búsqueda constante e incluso de vigilancia. No es una poesía que se conforme con la belleza literaria; es una poesía como materialización de la memoria, en ella convive la pasión con un sufrimiento que reclama ser disipado. Su palabra es acción, con brillo y con la aspereza de lo que él define como “el enigma de ser” (p. 79).

 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Imágenes: archivo

Juan Sánchez Peláez: vida y obra

Poeta venezolano. Nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, el 25 de septiembre de 1922, y falleció el 20 de noviembre de 2003. Es una de las principales voces de la poesía venezolana, cuya obra ha influenciado a contemporáneos y a nuevas generaciones. Su producción se compone de pocos títulos, pero de gran significación, entre los que destacan Animal de costumbre (1959), Lo huidizo y lo permanente (1969) y Rasgos comunes (1975). Fue merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1976. Para crear este artículo leí el apartado de Filiación oscura, integrada en su Antología poética, en la colección de Monte Ávila Editores Latinoamericana (2004).


NOTA: publicado originalmente en la edición 1186 de Todasadentro, 2026, sección "Librolatría".

viernes, 3 de abril de 2026

Opinión de "Casi el murmullo" (2025), de Luis Alberto Crespo

 

Lo que queda de nosotros o lo que despojamos 

Cada día es una despedida de lo que se hizo y de lo que no se ha hecho; los años nos hacen avanzar y distanciarnos de lo que fuimos, no para dejar de ser, sino para despojarnos del peso que somos. Estas ideas me surgieron al leer el poemario más reciente de Luis Alberto Crespo.

Casi el murmullo es una obra densa e intensa. Es interesante que este autor de 84 años vuelve a su origen en todos sus escritos, a sus elementos comunes, aunque en este caso con escasez, como si en el susurro surgiera lo puro. Hay una reflexión sobre esa espera que es la despedida, pero que en la escritura se mantiene tan dura como la tierra.

“Soy terroso  maluco / Me crió la brasa  Por eso soy irme” (p. 17). Hay un adiós sin separación; igualmente es la memoria, o incluso la creencia de la memoria, a la que se vuelve y se va, un ciclo que se repite y se transforma con la palabra.

Puede que en la lectura nos sintamos enfrentados a ese abismo que es la despedida o el despojo, como un transitar en el que no volveremos y no seremos nada, aún más cuando aquello que nos sujeta y que tenemos se aparta para ser algo sin nuestra presencia. Sin embargo, hay un elemento etéreo que se eleva y nos ofrece otro aliento.

El blanco es un color protagonista en varios poemas para expresar autonomía en la errancia, pero incluso de aquel lapso en el que se es polvo. Ese momento de la muerte, que sigue causando emociones, se ejemplifica cuando el poeta habla de una flor seca destruida en sus manos para expresar: “Qué carroña su preciosidad” (p. 23), o en otros términos más cercanos a todo lo que tuvimos, esos andrajos y nuestro propio cuerpo y memoria: “ese montón de ti / Recógelo  guárdalo / consiéntelo” (p. 87).

Más allá de la lectura que se pueda hacer como la vejez de una vida, estos poemas ilustran esa linde en la que transitamos en distintas situaciones, eso vago que nos traspasa cada vez que cruzamos el final y el principio de un camino, para mirarnos en lo que queda de nosotros.

Luis Alberto Crespo: vida y obra

Crespo (Carora, estado Lara, 13 de abril de 1941) se crió con un padre que leía mucho, que le enseñó el universo de los libros, en un pueblo árido, cuyos elementos se convirtieron en poemas en Si el verano es dilatado (1968), con un estilo cercano al del poeta Ramón Palomares. Posteriormente sus rasgos cambian, su escritura poética se transforma, resultando en un estilo más hermético, misterioso y breve, en obras como Costumbre de sequía (1976) y Resolana (1980). Estudió Comunicación Social en la UCV. Forma parte de la generación de periodistas culturales de los años 70 en Venezuela. Fue director de El Papel Literario del diario El Nacional y de la revista Imagen. Ha sido reconocido con varios premios literarios. Ha publicado una extensa obra poética. Para este artículo leí la primera edición en Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2025.

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Imagen: archivo

NOTA: publicado originalmente en la edición 1179 de Todasadentro, 2026, sección "Librolatría".


Opinión de "Crónicas de la demencia cotidiana" (2020), de Armando José Sequera

 

Cordura, locura y la risa de por medio 

Pocas veces he leído crónicas cuya voz del autor nos abraza para llevarnos a terrenos complejos desde la sencillez de la anécdota: los relatos se sitúan en diferentes tiempos para resaltar circunstancias y personajes que, de alguna manera, han alterado el curso natural de una vida tranquila. A través de un estilo humorístico sano, con una estructura similar al de una fábula, la obra despliega la comedia humana de lo cotidiano sobre un mapa irracional que, lejos de concluir en aspectos negativos, algunas veces suele deparar sorpresas gratas.

Crónicas de la demencia cotidiana, de Armando José Sequera, reúne 16 textos con distintas extensiones, entre escritos medianos y cortos, en los que el autor transita como personaje en el que recaen todos los sucesos y acciones de la gente que altera, en varios momentos de su vida, el curso de su destino ideal.

Es una escritura sumamente inteligente, a través de la sutileza, no solo del lenguaje sino de las vivencias, trasluce un mundo donde la humanidad sufre la vejación y subyugación de una élite económica que, en muchos casos, se considera superior como “hombre”, apartando al otro que no forma parte de su círculo de privilegiados, como un ser inferior.

Estas dinámicas de poder se extienden a través de instituciones y también por sujetos con menor poder que, al someter a otros, contaminan la realidad y provocan un delirio normalizado que el autor aprovecha para resaltar el lado cómico de sus anécdotas, usando la palabra como herramienta de la razón frente a la irracionalidad. Estas situaciones se presentan en varias crónicas, por mencionar Incursión en la clase alta, Sudacas, Descuentos, Golpe de Estado en mis bolsillos.

También hay otros escritos donde se presentan situaciones que —sin dejar de formar parte de ese cuerpo hacia el cual el escritor pretende direccionar su obra— son más personales, que entran en la mente de la gente y en la del autor; por ejemplo: Inundaciones y neveras, Una novia llamada Charlot, Turbulencias, La comida de la abuela y Taxista y cantante.

En Crónicas de la demencia cotidiana, el escritor parece reírse de sí mismo en varios relatos; sin embargo, existe otra capa que sugiere que dicha burla nace del choque entre dos conductas: una ejemplar y otra alterada por factores como la corrupción o la locura, desde la más dañina hasta la más bondadosa.

La obra también reflexiona sobre nuestra naturaleza intentando adaptarse a una arquitectura social que, en ocasiones, resulta desalmada. A través de crónicas que exponen vivencias propias y ajenas, Sequera nos invita a reírnos de aquello que padecemos.

Armando José Sequera: vida y obra

Nació en Caracas, 1953. Es escritor, periodista y editor venezolano. Se caracteriza por ser prolífico en los distintos géneros de la literatura. Se ha especializado en la narrativa dirigida para el público infantil. También es cronista; Crónicas de belleza, ternura y uno que otro milagro y Crónicas de la demencia cotidiana (Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca, 2019) son algunos de sus libros más recientes, conformados en este género periodístico. Uno de los galardones más importantes que ha recibido fue  el  Premio Casa de las Américas en Literatura para Niños y Jóvenes (1979). Recientemente fue reconocido con el Premio Nacional de Cultura 2024-205, mención Literatura. Para este artículo leí la primera edición publicada por la Fundación para la Cultura y las Artes, 2020. 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Imagen: archivo

NOTA: publicada originalmente en la edición 1183 de Todasadentro, 2026, sección "Librolatría".


lunes, 9 de febrero de 2026

"Una dosis de deseo": creación y trascendencia tras las máscaras

 

Propuesta de la agrupación Teatro de la Penumbra, con la dirección y creación de Andreina Polidor 

Cuatro personajes transmiten los diferentes matices del deseo, como el ansia, el anhelo, la ilusión… Cuando vemos sus máscaras debemos atender a sus acciones y diálogos; a medida que avanzan en el recorrido emocional, sus rostros revelan la verdad que materializan en la ficción: crear para ser libres y trascender.

Una dosis de deseo, propuesta dirigida por Andreina Polidor, es una versión libre de la clásica obra Un tranvía llamado deseo (1947), de Tennessee Williams, cuya historia es irrumpida por los actores.

En el ensayo Definición del arte (1968), de Umberto Eco, el escritor interpreta un concepto del filósofo Luigi Pareyson, de la siguiente manera: “toda vida humana (…) es invención, producción de formas”. Bajo esta premisa, Claudia Rojas, Mariángela Nogueras, José Alberto Briceño y Jeizer Ruiz, elenco que interpreta hábil e ingeniosamente a los principales protagonistas de la obra de Williams: Blanche, Stella, Stanley y Mitch, conjuran el teatro dentro del teatro, y cada uno de los intérpretes hace de sus voces y de sus cuerpos la materia para crear un sentido nuevo que impacta al público.

El discurso humorístico, reflexivo e incluso violento forma representaciones mundanas y divinas que, como fábula y mitología, enseñan la motivación y la constancia de una generación de jóvenes venezolanos que entiende su presente en medio de las crisis, liberándose al transitan su propio lenguaje; una expresión en busca del origen, capaz de conseguir respuestas desde lo efímero, trascendiendo en el acto ritual estético.

Los espectadores no verán una historia tradicional sobre Un tranvía llamado deseo, lo que propone Una dosis de deseo es que observemos las distintas máscaras/rostros de sus personajes, porque en sus ojos podemos encontrar la ilusión como esperanza de cada actriz y actor. Polidor concibe, de manera libre y colectiva con el espíritu del elenco, otro final del drama.

Para realizar esta reseña asistí a la función de la temporada 2026, en el Teatro Luis Peraza, sede del Centro de Creación Artística TET en Caracas. 

 

 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Foto: Cortesía Teatro de la Penumbra, Yull Terán

NOTA: Reseña publicada originalmente en la edición 1177 de Todasadentro (7 de febrero de 2026)

Opinión de "Música para camaleones" (1980), de Truman Capote

 

La belleza de los inverosímil

La lectura que tuve de Música para camaleones fue toda una epifanía sobre la belleza de lo inverosímil. Truman Capote, en su narrativa de no ficción, expone el espíritu inquieto y extravagante de sus personajes y nos muestra que la cotidianidad esconde, caprichosamente, el laberinto humano.

Son 14 relatos magistralmente escritos. La identidad de su escritura no es la misma que A sangre fría. Aquí la narración tiene su filosofía: mientras sea más breve y esté despojada de hechos sin relevancia, será más personal. Cada relato es un retrato que respira a través de su Yo.

Desde aristócratas, pasando por estrellas de cine, hasta la clase popular, en todos exhibe un brillo excéntrico. Varias historias están protagonizadas por mujeres y muchas de ellas —así lo transmite de manera oblicua en los relatos— importantes en la vida de este escritor estadounidense.

Por ejemplo, en Un día de trabajo conocemos a Mary Sánchez, una empleada de hogar. Ella —negra y católica— conoce la intimidad de sus clientes. Aunque es responsable, vemos su orgullo y alguna imprudencia con la hierba peruana. Capote desnuda su vida privada y localizamos la bondad en ella.

Por otra parte, una de las crónicas más célebres es Una hermosa criatura. Conocemos la amistad que tiene con Marilyn Monroe en un episodio muy peculiar. En el velorio de la actriz Constance Collier, Capote describe el atuendo de Marilyn como si “estuviera interpretando a La novia de Drácula” para no ser reconocida. Con ironía, nos acerca a este personaje con el cual mantiene diálogos muy divertidos para desentrañar la personalidad de la bella modelo. Nos muestra que su frivolidad, sin embargo, es solo una capa, porque hay una mujer en constante introspección.

Igualmente, destaco piezas como la homónima que da nombre al libro, y que muestra situaciones que parecen sacadas de un sueño; o Deslumbramiento, una confesión sobre la infancia del autor y su vínculo con una esotérica. En fin, la piedra preciosa de Música para camaleones es el secreto revelado; pero el mismo descubrimiento se convierte, a menudo, en otro enigma.

Truman Capote: vida y obra



Capote (30 de septiembre de 1924 - 25 de agosto de 1984) abrazó la literatura desde muy joven. A los 19 años publicó su primer relato, y a los 23, la novela Otras voces, otros ámbitos. En la revista The New Yorker su firma comenzó a sonar en el mundo hollywoodense. Ya a una edad adulta avanzada, muchas de sus crónicas sociales causaron escándalos.  Fue aclamado por la novela de ficción Desayuno en Tiffany's (1958). El impacto de la publicación de A sangre fría (1966) originó la corriente del Nuevo Periodismo en Estados Unidos.

Leí la edición de la editorial Bruguera (1981). Traducción de Benito Gómez Ibáñez. 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Foto e ilustración: internet y archivo

NOTA: publicado originalmente en la edición 1177 de Todasadentro (7 de febrero de 2026), sección "Librolatría".

domingo, 25 de enero de 2026

Opinión de "El viejo y el mar" (1952), de Ernest Hemingway


 

La victoria de un hombre ante la inmensidad de las adversidades

La siguiente narración trata sobre un viejo en una travesía más grande que su vida. Es un hombre endurecido por los años y por unos breves días, cuyas horas se dilataron en un tiempo incalculable. Es un pescador que cazó un marlín gigante, y que venció en nuestro imaginario como si hubiera luchado contra la inmensidad del mar.

 

El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, es una pequeña épica de un hombre solo que va a contracorriente de su mala suerte y las adversidades. La valentía de Santiago continúa y culmina su faena. Es un ser humano, sin embargo, sensible, con sueños; su rigidez solo es un carácter para el trabajo duro. Manolín es el personaje secundario de esta novela breve que solo aparece al principio y al final, como una voz que traza un círculo escritural con el objetivo de evidenciar que un hombre siempre debe contar con su semejante; ese otro, en este caso, es un discípulo y que funge como puente entre la juventud y la vejez.

 

A pesar del cariño entre ambos personajes, Santiago desafía su realidad, tras 84 días sin pescar nada en el mar de La Habana, Cuba. Se describe a un habitante muy pobre de la isla. Un hombre arrugado y con constantes sueños sobre su juventud, que incluyen los recuerdos de los leones marinos en sus viajes hacia África y las luchas de brazos en tabernas.

 

En la inmensidad del mar, dentro de un pequeño bote, el viejo se une al universo del agua, es otro ser que dialoga con todos los seres vivos, desde los pequeños peces hasta un pajarito que llega hasta él. Hemingway narra con sutileza la poesía del mar. Sin embargo, esa misma belleza arropa la violencia y el dolor. Cuando el gran pez aparece, el hombre se enfrenta a una lucha que no es directa, sino que lo arroja a un combate de fuerza interna, manifestando su condición de ser.

 

Una de las frases más célebres que ha escrito el Nobel de Literatura, está en la voz de Santiago: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

Aunque la narración parece construir el retrato de un viejo en pedazos, con sus dolencias; no obstante, su ánimo, impulsado por el amor que surge en su interacción con aquellos seres y elementos que forman parte de su vida, lo llevan a enfrentar el dolor de las heridas, tanto físicas como emocionales.

 

Cuando Santiago llama al marlín como su "hermano" y, a pesar de ello, le promete su muerte, desde la naturaleza del personaje principal vemos que se trata de un relato que habla sobre la contradicción del ser humano, que crece entre la empatía y la ferocidad.

 

Al final, tras una batalla con varios tiburones, el viejo regresa a la playa. La narrativa de Hemingway desnuda al personaje, muestra su alma e incluso los huesos de su brío; se trata de una victoria espiritual, una de muchas dificultades que, en la vida de cada hombre y mujer y en situaciones distintas, no terminará hasta el último suspiro.


Ernest Hemingway: vida y obra

​Hemingway (21 de julio de 1899 - 2 de julio de 1961) fue un escritor y periodista estadounidense. Muchas de sus novelas y cuentos se basaron en hechos reales que vivió como una aventura cruda. Aunque quería combatir en la Primera Guerra Mundial, no fue aceptado debido a su mala vista, por lo que se alistó en el frente italiano como conductor de ambulancia.



​Más tarde, trabajó como corresponsal extranjero en París, y formó parte del grupo llamado la Generación Perdida. Durante su estancia en España, continuó su labor periodística cubriendo la Guerra Civil. De esas dos experiencias surgieron dos de sus obras maestras: Adiós a las armas (1929) y Por quién doblan las campanas (1940). La experiencia acumulada le seguiría brindando material para sus relatos y novelas.

​En 1934, Hemingway compró su propio barco pesquero, el cual navegó por la Corriente del Golfo, primero desde su casa en Cayo Hueso (Florida) y posteriormente desde Cojímar (Cuba). Tenía una gran afición por la caza y la pesca, por lo que El viejo y el mar es una historia magistralmente documentada que le valió el Premio Pulitzer en 1953 y, posteriormente, le abrió el camino hacia el Premio Nobel de Literatura en 1954.

 

Stiven Rodríguez Volcán/ Caracas

Imágenes: internet y archivo

NOTA: publicado originalmente en la edición 1175 de Todasadentro (24 de enero de 2026), sección "Librolatría".